Directivo revisando en una tableta un panel de gobierno de herramientas de inteligencia artificial
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La pregunta de directivos que nadie en la empresa puede contestar

En resumen · 4 puntos clave
  • El 56% de los directores generales no ha obtenido ni más ingresos ni menores costos atribuibles a la inteligencia artificial (PwC, 2026).
  • Ocho de cada diez usuarios dicen ser más productivos, pero solo el 37% de las organizaciones reporta un impacto positivo en su EBIT (McKinsey, 2026).
  • El 93% de los líderes de datos e IA señala la cultura y la gestión del cambio como el principal obstáculo; solo el 7% culpa a la tecnología (Data & AI Leadership Exchange, 2026).
  • Lo que le falta al consejo no es tecnología, es administración: saber qué herramientas operan, contra qué se miden y quién responde por cada una.

La junta iba bien. Presupuesto revisado, proyecciones en orden, todos con ganas de terminar. Entonces alguien del consejo levanta la vista y hace una pregunta corta.

"La inversión en inteligencia artificial del año pasado, ¿qué nos dejó?"

Y se hace un silencio que dura demasiado.

No es que falte respuesta. Sobran, todas parciales. Marketing dice que produce el triple de contenido. Sistemas dice que el equipo de desarrollo entrega más rápido. Servicio a clientes tiene un asistente que resuelve buena parte de los tickets. Cada área trae su historia y ninguna suma. Nadie puede poner un número en la mesa que aguante una segunda pregunta.

Si la escena le resulta conocida, conviene saber que es la norma.

Lo que dicen las mediciones

La 29ª Encuesta Global de Directores Ejecutivos de PwC, presentada en enero de 2026 con 4,454 directores generales de 95 países y territorios, encontró que más de la mitad, el 56%, no ha obtenido ni aumento de ingresos ni reducción de costos atribuibles a la inteligencia artificial. Tres de cada diez reportan más ingresos y una cuarta parte, menores costos.

El informe de McKinsey The state of AI in 2026: On the road to ROI, publicado el 25 de agosto de 2026 con 1,719 participantes encuestados entre el 4 de mayo y el 8 de junio, pone el dedo justo en el silencio de esa junta. Ocho de cada diez usuarios reportan que la inteligencia artificial mejoró su productividad personal. Solo el 37% reporta alguna contribución positiva al EBIT de su organización, prácticamente la misma cifra que el año anterior, aunque más empresas ya están escalando la tecnología.

Y apenas el 6% de las organizaciones alcanza lo que McKinsey llama alto desempeño: atribuir 5% o más de su EBIT a la inteligencia artificial.

La gente sí está trabajando mejor. La empresa no lo está viendo. Esa distancia es la que produjo el silencio.

Por qué la respuesta no existe

La 15ª Encuesta Anual de Referencia de Liderazgo en IA y Datos, de Data & AI Leadership Exchange, recoge respuestas de cerca de 110 empresas Fortune 1000 y marcas globales, con participación por invitación de líderes senior de datos e inteligencia artificial. El 93% señaló los factores humanos, cultura y gestión del cambio, como el principal obstáculo para la adopción. Solo el 7% culpó a la tecnología. Es el porcentaje más alto en los quince años de esa encuesta.

Traducido a lo que pasó en su empresa: alguien aprobó una compra, alguien más la implementó, los equipos empezaron a usarla, y en ningún momento hubo una conversación sobre contra qué se iba a medir. Cuando el consejo pregunta doce meses después, no existe la línea base con la cual comparar. La respuesta no se perdió en el camino. Nunca se construyó.

El gasto tampoco está bajo control. En ese mismo estudio de McKinsey, cerca del 20% de los encuestados reporta que los costos de operar inteligencia artificial, incluido el consumo de tokens, ya están limitando cuánto la usan. Hay empresas frenando el uso por una factura que nadie presupuestó y que nadie está revisando.

Conviene aclarar algo sobre la cifra más repetida del año, esa de que el 95% de los proyectos de inteligencia artificial fracasan. Viene del estudio de MIT NANDA de 2025 y dice algo más específico: el 95% de los pilotos de inteligencia artificial generativa no mostró impacto medible en el estado de resultados. No dice que la tecnología no funcione. Dice que nadie midió. La distinción cambia por completo qué hay que arreglar.

Las tres preguntas que sí se pueden contestar

Un consejo no espera una cifra de retorno perfecta. Espera evidencia de que alguien está al mando. Hay tres preguntas que una organización con la inteligencia artificial bajo control responde en minutos, y que la mayoría no responde en semanas.

Qué herramientas están operando y quién las aprobó. No la lista de licencias corporativas, sino la lista real, con lo que entró por tarjeta de un área y lo que alguien usa desde su cuenta personal. Si esa lista no existe, cualquier cálculo de retorno está incompleto desde el primer renglón.

Contra qué se comparó. Cuánto tardaba ese proceso antes, cuánto costaba, con qué nivel de error. Si el dato previo no se levantó, hoy no hay forma de demostrar la mejora, aunque la mejora sea real y toda la operación la sienta.

Quién responde por cada una. No quién la usa. Quién decide si se queda, si se amplía o si se apaga. Cuando la respuesta es un área completa y no una persona, en la práctica no hay nadie.

Las tres son preguntas administrativas, no técnicas. Ahí está el punto incómodo.

Lo que en realidad falta

Lo que sigue no viene de una auditoría en particular. Viene de ver la misma conversación repetirse en empresas que no se parecen entre sí, de sectores distintos y con niveles de madurez distintos. El patrón es notablemente consistente.

Cuando una empresa compra inteligencia artificial, compra una herramienta y da por hecho que la administración viene incluida. No viene. El proveedor entrega acceso, capacitación básica y soporte. Lo que no entrega es la decisión de quién autoriza, quién revisa el consumo, quién define contra qué se mide y quién tiene autoridad para apagar algo que no está funcionando.

A eso se le llama administrar la inteligencia artificial, y es lo que nadie asumió cuando se firmó la compra. No es una disciplina exótica. Es lo mismo que su empresa hace desde hace años con la flotilla de vehículos, con los accesos a los sistemas críticos o con el gasto de viáticos. Nadie discute que esas cosas necesitan dueño, reglas y revisión periódica. La inteligencia artificial entró rápido, entró por varias puertas a la vez y se saltó ese paso.

El silencio en la junta no es una falla de la tecnología ni de los equipos que la usan. Es el resultado de haber comprado una capacidad sin asignar a nadie para administrarla.

La próxima junta con el consejo ya está en el calendario. Antes de esa hay una pregunta más sencilla, que no requiere presupuesto, proyecto ni permiso de nadie.

Si pidiera ahora mismo la lista de todas las herramientas de inteligencia artificial que opera su empresa, con el nombre de quién responde por cada una, ¿cuánto tardarían en armarla?

La velocidad de esa respuesta dice más que cualquier cifra de retorno.

Fuentes

  1. PwC. 29ª Encuesta Global de Directores Ejecutivos. Enero de 2026. Encuesta a 4,454 directores generales en 95 países y territorios. Ver estudio
  2. McKinsey & Company. The state of AI in 2026: On the road to ROI. 25 de agosto de 2026. Encuesta global a 1,719 participantes, levantada del 4 de mayo al 8 de junio de 2026. Ver estudio
  3. Data & AI Leadership Exchange (Randy Bean). 15ª Encuesta Anual de Referencia de Liderazgo en IA y Datos. Enero de 2026. Participación por invitación en cerca de 110 empresas Fortune 1000 y marcas globales. Ver estudio
  4. MIT Project NANDA. Estudio sobre inteligencia artificial generativa en empresas, 2025.

Alan Maestro

Especialista en Inteli-K